25.9.09

Floreal Ferrara y el Consenso de Washington.

El pasado 21 de Agosto, el doctor Floreal Ferrara fue distinguido por la Cámara de Diputados de la Nación como “Mayor Notable Argentino”. No podemos detenernos aquí a desgranar la inmensa trayectoria del Dr. Ferrara (parte de la cual puede ser consultada en su sitio web www.florealferrara.com.ar). Simplemente a modo de homenaje, dejamos este fragmento para compartir:


(Fragmento de la conferencia del doctor Floreal Ferrara. Primeras Jornadas de Antropología Sociocultural. Fac. de Humanidades y Artes UNR - 1999).

“(…) El Consenso de Washington es un documento producido por una entidad que genera los conocimientos estrictamente económicos del mundo occidental, en una reunión convocada con todo el staff de los economistas de los Estados Unidos, del gobierno de los Estados Unidos, con todos los economistas del F.M.I. y el Banco Mundial, con todos los economistas que ellos entendían que debían estar, porque eran Premios Nobel etc., y de determinadas condiciones ideológicas, y como estaba referido particularmente a la concepción de la deuda externa había tres representantes latinoamericanos de países que tenían complicaciones con la deuda externa. Uno era México, el otro era Brasil y el otro era Argentina... (pausa breve) Ah, ¿ninguno levanta la mano para preguntarme quien fue el hijo de puta que estuvo de Argentina ahí adentro? Fue ese cipayo que se llama Juan Carlos de Pablo. ¿Lo conocen? Sí, lo tienen que conocer; aparece en la televisión todas las noches y está siempre enseñando como si fuera... Él fue el cipayo que fue a firmar, y a darles las críticas que necesitaban para este Consenso de Washington.

Me gustaría contarles la anécdota de cuanto nos costó conseguir el Consenso de Washington. No está en la Biblioteca del Banco Central, no está en la Biblioteca de Economía, no está en la Biblioteca Nacional, no está en la Biblioteca del Parlamento, no está en ninguna de las bibliotecas argentinas. Cuando le preguntamos a Cavallo -entonces era ministro cuando lo estábamos buscando- si él lo tenía, porque él había intervenido dijo: "No, no tengo el Consenso de Washington; ni está en ningún lado, no lo busquen porque no está". ¡Habla de nosotros, muchachas y muchachos, habla de nuestra vida, habla de lo que va a venir y el país no lo tiene! Les voy a contar despacito como lo conseguimos, ¡shhh!

Yo pensé, ¿dónde está?, ¿dónde lo conseguimos? Y, esto tiene que estar en la nidada del capitalismo. La nidada... Esta palabra criolla, ¡qué linda! Cuando una clueca se iba de la casa uno tenía que recorrer el campo, para encontrar el nido, y a ese nido como tenía muchos huevos, y después iban a salir muchos pollitos le llamábamos la nidada.

Había que buscar la nidada de esto. ¿Y donde estaría la nidada de esto?, y estaba en Chicago o estaba en Harvard. En alguna de esas dos bibliotecas estaba. Como en Harvard teníamos alguna posibilidad de llegar, llamo por teléfono, busco a la candidata que quiero y le digo "Sandra, mirá te necesitamos para esto...". "Ah sí, yo te lo voy a conseguir seguro. Hay un sector de la biblioteca que está vedado a los investigadores, pero yo voy a decir que lo necesito." Me llama al día siguiente y me dice "Ya tengo el lugar, pero tengo que producir algún 'hecho pecuniario', para decirlo en términos filosóficos, algún 'hecho crematístico'". Era coima, que otra palabra ¡de que carajo estamos hablando! (risas) Entonces le digo "Dale lo que sea, dale cien mangos" "¡Cien dólares, estás loco Floreal! Acá cien mangos es un dineral". "Bueno dale lo que sea"...

Veinte mangos nos costó... (risas) Nos prestó el documento que tiene 430 páginas, desde un viernes a las 7 de la tarde hasta el lunes a las 7 de la mañana; porque estaba vedada su entrega a cualquiera de los estudiantes.

Lo fotocopiamos. Creo que soy uno de los pocos argentinos que lo tiene, salvo dos o tres a quien yo se lo he regalado, y está a las órdenes de ustedes, quien quiera pedirlo, al menos el resumen... ¡No les voy a pedir los veinte mangos! (risas y aplausos)".


24.5.09

Aplauden en Venezuela lo que no se atreven a hacer en Argentina.

La decisión del gobierno venezolano de estatizar tres empresas pertenecientes al grupo Techint no es antojadiza. Dichas empresas están directamente vinculadas a la industria petrolera, principal motor de la economía en Venezuela. Por eso la medida resulta tan estratégica como indiscutible, desde el punto de vista de la sagrada autodeterminación del país hermano. Sin embargo, ha causado polvareda en amplios sectores del establishment político, económico y mediático en nuestro país.

Aunque los capitales de Techint son de origen italiano, y su sede administrativa se sitúa en Luxemburgo, el holding empresarial es considerado como “argentino”. Por eso el establishment local salió a reclamarle al gobierno “intervención” en el caso (¿no era que la mano invisible del mercado ordena todo?).

Sin embargo, la intervención de la administración Kirchner, ya fue lo suficientemente generosa en su momento. Según versiones periodísticas, tras gestiones del gobierno argentino, Venezuela habría hecho efectivo el pago de casi U$S 2.000 millones a Techint por otra nacionalización efectuada en Abril de este año, a pesar de que el plazo para cancelar dicha deuda vence en Octubre de 2010. El dinero cobrado por la empresa “argentina” estaría bien resguardado, claro, en un banco de Londres.

El líder de la CGT Hugo Moyano -principal sostén del kirchnerismo desde lo “social”- manifestó su desacuerdo con la medida de Chávez. “No es lo que nos enseñó Perón”, declaró el sindicalista, olvidando (o escondiendo) que durante el primer gobierno peronista se nacionalizaron los ferrocarriles, los sistemas de telecomunicaciones, el gas, parte de la energía eléctrica, la navegación de ultramar y de cabotaje, la aeronavegación y el seguro.

La derecha tradicional, desde Carrió a De Narváez salió en coro a posicionarse contra el gobierno, tratando de instalar la idea de que Argentina marcha hacia un “modelo chavista”. Muy lejos de la realidad, cabe anticipar, tanto para quienes observamos con entusiasmo el proceso venezolano como para quienes lo denostan. Es que en estos seis años, no se han dado pasos efectivos en el camino de recuperar para el Estado -y a través de este, para el conjunto de los argentinos- los motores básicos para un potencial modelo industrial (básicamente los recursos naturales como el petróleo, el gas, la minería, el agua y la tierra). Por el contrario, la entrega de esos recursos a las multinacionales se ha profundizado.

Mientras tanto, la “izquierda kirchnerista”, saca a relucir nuevamente su voluntarismo de Estado. “Nacionalización” es una palabra virtuosa a la hora de definir un “proyecto nacional y popular” como el que “encarna” Kirchner (la palabra “encarna” de tan repetida se vuelve ya hasta chistosa). De ese modo, aplauden en Venezuela lo que no se animan a exigir en Argentina.

20.5.09

El ARI y el populismo con clase.

Publicado en www.lafogata.org Mayo de 2005.


Hace unos días la titular del ARI, Elisa Carrió, definió al gobierno del presidente venezolano Hugo Chávez como un “populismo demagógico y autoritario”.

Se suele hablar tergiversadamente de populismo como una política demagógica ejercida irresponsablemente sobre los sectores populares, donde un caudillo gobierna en base a su carisma personal, haciendo aparecer como popular lo que en realidad es opuesto a los intereses del pueblo y la Nación.

El populismo -entendido en el sentido específico del párrafo anterior- implica necesariamente un desentendimiento manifiesto sobre la política por parte de los sectores populares. El dirigente populista gobierna sin la participación del pueblo.

En Venezuela se vive un proceso que dista mucho de encuadrarse en las definiciones expuestas hasta aquí. No sólo son los abundantes procedimientos democráticos los que legitiman la política llevada adelante en ese país, sino -y fundamentalmente- la participación organizada de cientos de miles de venezolanos en organizaciones intermedias de distinta índole, unidas todas ellas bajo el objetivo lanzado por Chávez. Como la misma Carrió advierte en sus dichos, en Venezuela “no hay oposición porque la oposición es el viejo régimen”, lo que brinda una pauta por de más de clara de la orientación revolucionaria del proyecto bolivariano convocado por Hugo Chávez.

La señora Elisa Carrió debería revisar sus conceptos -y fundamentalmente reacondicionar su biblioteca, lugar exclusivo desde el cual accede a la realidad- antes de emitir livianamente juicios tan contrarios a las posibilidades de un proyecto latinoamericano genuino que apenas comienza a nacer.

Por otra parte, su propia política podría ser definida como populista, autoritaria y demagógica.

Veamos. El ARI tiene un mensaje sectario, exclusivamente orientado a congeniar con el humor de la clase media y media alta. Con envoltorio progresista propone fundar un nuevo “contrato moral” como base para desarrollar un proyecto político. Si un dirigente político -aún representando a una clase social, como la clase media- piensa escribir ese contrato, al margen de la dinámica social y política, y al margen de las aspiraciones de las clases populares no está más que ejerciendo una demagogia con clase, con una postura autoritaria al atribuirse el derecho de imponer sus propias normas morales (o las de su clase).

¿La clase media, como “parte sana de la sociedad” es la que debe establecer los parámetros de la moralidad nacional, imponiendo un contrato a los “inmorales”, o dichos parámetros deben surgir como resultado de la interacción de todos los sectores que componen la Nación?

Posturas como las del ARI evidencian que existe entonces un populismo y una demagogia para cada clase social, y su posibilidad depende simplemente del grado de autoritarismo y audacia de un dirigente político. A Elisa Carrió le sobra la primer característica, pero carece de la segunda.

Por suerte, la estrategia de Carrió -al tiempo que se desentiende de lo popular- prescinde del concepto de poder, lo cual la hace estéril a los efectos de su implementación práctica, quedando relegada al mero papel testimonial del “querer pero nunca ser” de una clase social que en algún momento deberá abandonar su naufragio indefinido.

7.8.08

Perspectivas...

Ilustración: Enrique Breccia.

Siempre es bueno tener un libro de Jauretche cerca de la mesita de luz. Pegarle una ojeada resulta un poco como volver a las fuentes. Muchos pensadores han enriquecido grandemente nuestra historia política y cultural, pero pocos como Jauretche han tenido la habilidad de categorizar al país y a su historia de manera tal que dichas categorías queden siempre al alcance de las manos.

La filosofía nos invita permanentemente a sopesar diferentes perspectivas.

Por eso rescatamos este breve pasaje de Los profetas del odio y la yapa, como una perspectiva fundante:

“En una conferencia de FORJA les pedí a los oyentes que ubicaran a la Argentina en un planisferio imaginario. El público lo hizo: abajo a la izquierda. Dije entonces, recogiendo las contestaciones del público que, para pensar como argentinos, necesitábamos ubicarnos en el centro del mundo y ver el planisferio desarrollado alrededor de ese centro, que nunca seríamos nosotros mismos si continuábamos colocándonos en el borde del mapa, como un lejano suburbio del verdadero mundo…”